imagen artículo un samurai para Honda

Tres ingredientes, viejos conocidos y un mismo objetivo que no es otro que devolver a McLaren a la senda de la victoria. El regreso de Peter Prodromou a la escudería británica tras su estancia en el equipo entre 1991 y 2006; la vuelta de los propulsores Honda, recordando el exitoso binomio con McLaren que les permitió lograr un 50% de las victorias a finales de los ochenta y principios de los noventa, y un último elemento clave: el fichaje de Fernando Alonso. El español abandonó el equipo británico tras un turbulento 2007 cargado de polémica, pero también devolvió a McLaren al escalón más alto del podio en los circuitos tras una pobre temporada 2006 de los ingleses.

Tres pilares, por tanto, sostendrán la estructura de Woking en los próximos años, e incluso los dos últimos mencionados vienen de la mano. El nexo entre Honda y Fernando Alonso se empezó a gestar en 2013, cuando se anunció que el motorista nipón volvería a propulsar a los monoplazas de McLaren. Desde el primer momento, el deseo del jefe de Honda, Yasuhisa Arai, era contar con un primer espada que liderase el proyecto, y qué mejor que un samurái para hacerlo. El español ha sido en los últimos años un declarado enamorado de la cultura japonesa y, como tal, ha aplicado en su vida las enseñanzas del bushido, el ideario de la filosofía del samurái. Los duros años de vacas flacas en el seno de Ferrari han acrecentado esa forma de vivir del asturiano, que desde su llegada a la escudería italiana en 2010, ha reflejado la lealtad propia de los guerreros japoneses al deber su trabajo enteramente a una Ferrari decepcionante, que ha puesto en sus manos armas muy inferiores a su talento. Cinco temporadas y cinco monoplazas diferentes en características pero que cada año evidenciaban, tras los primeros giros al Albert Park, la misma sensación de decepción. Desilusiones como la de 2012, con la triste evidencia de un equipo Ferrari perdido en la sexta fila de parrilla. Un mal momento en el que resurgiría el carácter luchador del samurái que, lejos de hundirse, iba a permitir soñar a Ferrari hasta las últimas vueltas del Gran Premio de Brasil gracias a un mundial impecable, labrado carrera tras carrera, que encontraría sus cotas más altas de heroicidad en Sepang, Valencia y Hockenheim.

Siguiendo la referencia de la mística nipona, el asturiano se contagiaría del valor heroico al tomar las riendas de un equipo obsoleto y falto de coordinación. “Sin Alonso, Ferrari no es nada”, decía Niki Lauda, estandarte de la escudería italiana en otro tiempo, en actitud de reconocimiento al campeón cegado por la leyenda de Ferrari. Le ocurrió a otros tantos campeones en épocas pasadas. Alain Prost o Nigel Mansell también escucharon los cantos de sirena de Maranello sin advertir la complicada realidad que se aproximaba. En los últimos años, esta realidad se ha evidenciado a lo largo de 96 carreras minimizando daños, afrontándolas a la defensiva, para terminar dando fruto a 11 victorias, 44 podios, 1190 puntos y 3 subcampeonatos… hasta que tocaba decir basta. Poniendo en práctica el sexto principio del código samurái, la sinceridad absoluta, Fernando Alonso reconocía hace meses en su llegada al templo de la velocidad de Monza que solo pensaba ”en ganar”. Dicho y hecho. Esas palabras se alejaban del repertorio habitual del asturiano, que durante los últimos años se ha mostrado como un defensor a ultranza del reconocimiento generalizado a los privilegiados que podían pilotar los coches rojos por encima incluso de la gloria que otorga la proclamación del campeón mundial. Falto de oportunidades, el español se ha salido de la senda establecida por un contrato que le ligaba a la escudería del cavallino hasta 2017, para encontrar una nueva motivación por la que luchar. El final no es el deseado. Sin embargo, la filosofía samurái también rescata en este aspecto al español pues, a pesar de que no hay títulos que constaten el esfuerzo, sí lo hacen los destellos de honor en los circuitos que le permiten seguir contando con el reconocimiento del mundo de la Fórmula 1.

Imagen: Twitter de Fernando Alonso

Imagen: Twitter de Fernando Alonso

McLaren le espera. El camino del guerrero continúa y en los próximos dos años el recorrido lo hará a lomos de uno de los monoplazas británicos. Perdidos en los últimos años pero ahora transformados en caballo ganador con la llegada de Honda, los de Woking esperan resurgir. El título del reciente bicampeón, Lewis Hamilton, en 2008 ha sido su mayor éxito en 15 años en los que han primado los sinsabores, sobre todo tras la salida de Adrian Newey del equipo en 2005. La transición protagonizada por Pat Fry y Paddy Lowe desembocó en una paulatina decadencia de las prestaciones en sus chasis, área donde Peter Prodromou pretende personalizar un nuevo punto de inflexión en la historia de McLaren. El porcentaje de protagonismo de la aerodinámica, sin embargo, no superará en demasía al del motor en la próxima era McLaren Honda. La nueva Fórmula 1 de los motores híbridos ha convertido la potencia de los motores en un factor diferenciador y esta puede ser, precisamente, una de las bazas para Honda, que ya estima que podrá obtener hasta 875 CV de su próxima unidad de potencia. Este dato les colocaría en un escalón inferior, pero cercano, al que copa Mercedes. La carrera de fondo del MP4/30 para alcanzar el rendimiento del futuro W06 lleva meses desarrollándose y su resultado final dependerá, en gran medida, del sprint final que pueda insuflar la marca del país del sol naciente. Un motor preparado para propulsar sueños, los de un samurái dispuesto a hacer historia. Aunque, como dictarían los cánones del bushido, más importante que el destino será el camino que tomen en su confluencia los tres elementos de esta fórmula destinada al éxito.