Análisis temporada 2016: Red Bull

Después de un año de confrontación y dudas sobre su continuidad en la Fórmula 1, Red Bull ha resurgido de sus cenizas en 2016. La evolución del motor Renault resultó determinante para un equipo que puso a Ferrari en su punto de mira a comienzos de año y terminó por delante con 70 puntos de diferencia. Verstappen, de villano a héroe en el Gran Premio de España, donde logró una victoria de leyenda.

La pretemporada de Red Bull

Mismos pilotos, un diseño continuista, un motor Renault enmascarado bajo el sobrenombre de Tag Heuer… nada hacía presagiar que Red Bull pudiera ser la alternativa a Mercedes. Menos aún después de realizar una pretemporada discreta, sin alardes, aunque rodando muchos kilómetros casi sin contratiempos. El motor Renault había mejorado su fiabilidad, pero también su potencia. Las estimaciones de algunos medios otorgaban al propulsor galo hasta 900 cv, lo cual le permitía quedarse muy cerca del motor de Ferrari. Precisamente ese era el objetivo. Batir a los de Maranello en una temporada muy larga dando rienda suelta al talento en evolución que siempre ha caracterizado a los hombres de Milton Keynes por encima del resto. En Red Bull señalaban Canadá como carrera clave, pero el sorpasso no iba a llegar tan tarde.

La temporada de Red Bull

Red Bull había dado un salto de rendimiento, era evidente. Tres cuartos puestos consecutivos de Ricciardo en las primeras carreras ofrecían una cara positiva del equipo austriaco, aunque el primero en probar el champán sería su compañero. Daniil Kvyat sonreía en el podio de China e incluso se tomaba a broma su incidente en la salida con Vettel, que a la postre le había costado un buen rapapolvo del piloto de Ferrari. Todo habría quedado en una mera pataleta, de no ser porque el Gran Premio de Rusia iba a convertir este momento en un precedente.

Las luces se apagaban y daba comienzo la carrera en Sochi, pero en la primera frenada iba a torcerse la carrera y algo más para Kvyat. El ruso golpeaba a Vettel en dos ocasiones dejando fuera al tetracampeón y maltrecho también a su compañero de equipo. Horas después… broncas, polémica y una decisión: Kvyat volvía a Toro Rosso y Max Verstappen ocupaba su asiento. Todas las miradas estaban puestas en el debut del piloto neerlandés en Red Bull, esperando un primer Gran Premio de adaptación, discreto, sin embargo la sorpresa estaba al caer. La ausencia de los Mercedes tras su encontronazo en la primera vuelta daba la oportunidad de hacer historia a Verstappen, que cruzaba la bandera a cuadros en primera posición y se convertía en el piloto más joven en ganar un Gran Premio con tan solo 18 años.

La euforia se instalaba en el box de Red Bull porque su momento no había terminado. La escudería anunciaba una evolución en su motor Renault que se iba a probar en el monoplaza de Ricciardo durante el Gran Premio de Mónaco. Las expectativas eran altas y el australiano no defraudaba, terminando segundo la carrera y demostrando el eficiente uso que Renault había hecho de apenas tres tokens para extraer medio segundo por vuelta. De hecho, este iba a ser el punto de inflexión de la temporada.

Sin oposición, Red Bull empezaba el verano cambiando la tónica vista hasta entonces. En Austria y Gran Bretaña, Verstappen continuaba su idilio con el RB12 y firmaba dos segundos puestos, algo que iba a hacer despertar la luz de alarma en Daniel Ricciardo. El australiano, preocupado por su autoridad en el equipo, empezaba a perder su sonrisa, a cambiar el Red Bull por el café y a estudiarse la telemetría dentro de su cockpit en las sesiones de entrenamientos. Fruto de este esfuerzo extra o no, Ricciardo se hacía con los podios de Hungría, Alemania, Bélgica y Singapur, aunque lo mejor iba a llegar en la siguiente carrera: Malasia.

Aprovechando la rotura de motor de Hamilton, Ricciardo se aupaba al primer puesto en una carrera que no se le iba a escapar. Cuarta victoria de su vida y, como no, el australiano hacía extensible su ya icónico shoey time a su compañero, que quedaba segundo y rubricaba un doblete que no se veía en Red Bull desde el Gran Premio de Brasil 2013.

Tras este segundo momento cumbre de la temporada, los pilotos del equipo de la bebida energética seguían copando los lugares del podio que dejaban libres los Mercedes en las siguientes carreras. Con el campeonato al rojo vivo entre los hombres de Mercedes, Verstappen apuraba los límites con Rosberg en México y también en Brasil, haciéndole un excelente adelantamiento bajo la lluvia que ponía en vilo a un Toto Wolff preocupado que, incluso, pedía mesura al de Red Bull. No sería necesaria, finalmente. En la última carrera, Verstappen trompeaba en la salida y, sin su impertinencia para el de Mercedes, el título se le ponía prácticamente en bandeja. Aunque los laureles se los ha llevado Mercedes, en Red Bull solo pueden estar satisfechos tras volver a convertirse en los líderes de la oposición. De vuelta a las victorias y subcampeonato de constructores en el bolsillo a la espera de lo que llegue en 2017.

La anécdota de 2016

Los monos de los pilotos de Red Bull al estilo lederhosen austriaco o el lagarto que sorprendió a Verstappen en las calles de Marina Bay bien podrían contar como anécdotas dignas de recordar en el seno de la escudería de Milton Keynes. Sin embargo, el momento más destacado va más allá, por su trascendencia en lo deportivo. Y es que Ricciardo se acordará toda la vida de aquel Gran Premio de Mónaco que pudo haber ganado de no ser porque en su pit stop los neumáticos no estaban listos. La incredulidad se extendía entre los mecánicos, que preguntaban de manera desesperada dónde estaban las ruedas superblandas del australiano. Finalmente, los neumáticos llegaban… pero tarde. Estos catorce segundos de espera le costaban a Ricciardo la primera posición, que pasaba a manos de Hamilton hasta la caída de la bandera a cuadros.

Los conflictos de Red Bull

Daniil Kvyat, contra su propio equipo. Lejos de defender al ruso, la cúpula de Red Bull obró de manera contundente tras el Gran Premio de Rusia y, al margen del resultado positivo conseguido del cambio de cromos entre sus dos escuderías, la imagen transmitida en la gestión de esta situación resultó ser decepcionante. Ante la amenaza de que Mercedes les arrebatara a su pupilo, Red Bull aprovechó la coyuntura para promocionar a su protegido, pero esta ecuación se saldó con un Kvyat hundido y desamparado que en ningún momento volvió a encontrar buenas sensaciones a lo largo de la temporada. Este conflicto volvió a recordar al mundo de la Fórmula 1 las dos caras de Red Bull: el equipo que cumple los sueños de unos pocos y rompe los de otros muchos pilotos.

El futuro de Red Bull

Ante un año con cambio de normativa, las cábalas colocan siempre a un equipo favorito por delante del resto. En 2014 fue Mercedes, del que se rumoreaba que estaban preparando un motor muy superior a la competencia. A día de hoy, en estas predicciones a favor suena otro nombre distinto: Red Bull. Todo parece indicar que la Fórmula 1 en la que volverá a ser protagonista la carga aerodinámica será la mejor oportunidad para que Adrian Newey dé otro puñetazo encima de la mesa. Alejado de las focos, el hombre clave en los éxitos del equipo de Milton Keynes ha vuelto a entregarse a fondo para trabajar en un proyecto que le apasiona. La Fórmula 1 cambiará el próximo año y también puede que lo haga el equipo dominador. Por lo pronto, en Red Bull ya han tomado la mejor posición para afrontar la nueva normativa con muchas opciones de dar con la tecla.

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