El pasado Gran Premio de China estaba siendo algo aburrido hasta que los Red Bull pusieron la salsa que le faltaba a la carrera para hacer de ella todo un espectáculo. Daniel Ricciardo y Max Verstappen lo dieron todo en las últimas vueltas, pero cada uno lo hizo a su modo, y los resultados están a la vista.

max verstappen y daniel ricciardo - gp de china 2018 - red bull

Max Verstappen y Daniel Ricciardo | Foto: F1

Ambos pilotos, llamados a convertirse algún día en campeones del mundo, tienen una cosa en común: el talento. Tanto el australiano como el holandés tienen una habilidad especial cuando se suben a su monoplaza, su concurso en cada carrera bien vale el precio que se paga por la entrada. Fuera de pista son personas muy alegres los dos, pero sobre el asfalto son polos opuestos.

Daniel es la tranquilidad, el sosiego, es frío a la hora de asumir riesgos innecesarios que puedan comprometer el devenir de su carrera. Por contra, Max es fuego, pasión descontrolada, afronta cada adelantamiento como si fuera el final de la carrera y eso a veces conlleva errores. Y no es sólo el visto en China, donde se llevó a Sebastian Vettel por delante, perjudicando también al alemán.

En Australia, la primera cita del año, se veía que iba con el cuchuillo entre los dientes y al final se hizo daño: trompo y varias posiciones perdidas. Una carrera más tarde, un incidente con Lewis Hamilton le dejó fuera de carrera a las primeras de cambio: trató de pasarle, se tocaron, acabó con uno de sus neumáticos pinchados y sumó su primer abandono del año.

Pero es que en China, antes del golpe con Vettel, se las tuvo tiesas con Hamilton, al que trató de pasar por el exterior y se salió de la pista. No sabemos por qué será, pero Verstappen ha comenzado el año muy nervioso y fallón. Todo lo contrario que Daniel, quien sin hacer mucho ruido va consiguiendo puntos e incluso su primera victoria del año. Pocos errores se le recuerdan al autraliano, que además se ha ganado a todos con su show cada vez que sube al podio.

No me cabe ninguna duda de que ambos estarán en disposición de luchar por el título de campeón en los próximos años, y probablemente los dos lleguen a conseguirlo. El talento les sobra: uno lo tiene controlado y hace uso de él de forma inteligente, el otro todavía es joven y tiene tiempo para aprender.