Dicen que las despedidas son lo más difícil. Personas que quieres se marchan, a veces para unos días, otras para unos meses y otras para no volver. Fernando Alonso se despidió ayer de la Fórmula 1, pero yo me alegré de que tomara, por fin, esa decisión.

Fernando Alonso, celebrando una victoria con el equipo Renault | Foto: Renault Sport F1

Pocos minutos después de las cinco de la tarde mi móvil empezó a recibir mensajes sin cesar. Cuando lo cogí, extrañado por esa inesperada actividad de una tarde de verano, una sonrisa se dibujó en mi cara. Fernando Alonso acababa de anunciar que dejaba la Fórmula 1 después de 16 temporadas a un fantástico nivel.

Yo no me sentía ni triste ni depresivo, sino más bien alegre y contento. Llevaba varios años queriendo que Alonso dejara la Fórmula 1, ya que desde que llegó a McLaren sus resultados son, cuanto menos, un desastre para un bicampeón del mundo. He sentido rabia e incomprensión con cada renovación, pero entusiasmo cada vez que el español anunciaba nuevos retos como su participación en las 500 millas de Indianápolis o en el Mundial de Resistencia.

Entiendo a los que no me comprenden, ya que Alonso y la Fórmula 1 han estado unidos desde hace muchos años a España y a sus aficionados. Empecé a ver las carreras por él, para disfrutar de sus celebraciones, de esos “pajaritos”, de ese Renault azul con el que empezamos a conocer ese mundo de “coches que dan vueltas”. Después, mientras nos hacíamos mayores, Alonso estuvo muy cerca de ese ansiado tercer título pero, por diversas circunstancias, el español se quedó a las puertas de conseguirlo.

Ahora Fernando tiene otros retos, más grandes, como esa triple corona de la que solo falta una pieza del puzle. La victoria en las 24 Horas de Le Mans fue inolvidable, única, extraordinaria. Volvimos a ver al asturiano feliz, disfrutando con sus compañeros de ese podio, de esos nervios finales, de esa emoción tras conseguir el triunfo en la madre de todas las carreras. Y eso es lo que yo quiero, que gane, no que se arrastre por la pista como lleva haciendo desde que llegó a McLaren.

Prefiero ver a mi ídolo ganar en el Mundial de Resistencia o en la IndyCar antes que ver como lucha por ser octavo en la Fórmula 1. Pensaréis que son “categorías inferiores” o que no es lo mismo ganar allí que en la Fórmula 1. Estáis en vuestro derecho, pero yo prefiero ver a mi ídolo bañándose con champán antes que ver como aparca su coche en una escapatoria.

Fernando Alonso no gana una carrera de Fórmula 1 desde el Gran Premio de España 2013. Fernando Alonso no lucha por la victoria en la Fórmula 1 desde el GP de Hungría 2014. Fernando Alonso lleva sin tener un coche con el que luchar por el título desde hace mucho, desde hace demasiado tiempo. El español ha demostrado que rinde bien en todas las competiciones en las que ha participado. Lideró y luchó por la victoria en las 500 millas de Indianápolis, llegó a liderar las 24 Horas de Daytona y su papel en el WEC ha sido brillante, decisivo para ganar las deseadas 24 Horas de Le Mans.

Fernando Alonso no es un piloto de Fórmula 1, es un piloto de carreras. Por ello, cuando ayer a las cinco de la tarde mi móvil no paraba de sonar, sentí que, por fin, el deseo que llevaba pidiendo estos últimos años se había hecho realidad.